Superoferta de contenidos y la pérdida de valor

A mediados de Noviembre fui a echar un vistazo a GoodReads para ver los libros que me había leído este 2019 y comprobar el progreso de mi reto anual. Sabía que lo llevaba fatal pero me sorprendió que en 10 meses y pico solo había leído 4 libros y por supuesto, como todo ser humano lo primero que hice fue buscar alguien a quien echarle la culpa: Netflix. Esto, unido a un pensamiento que me lleva rondando mucho tiempo y que básicamente se reduce a que en Netflix hay un 90% de basura y un 10% de contenido de interés, ha dado lugar a este artículo.

Cada vez consumimos más, pero de menos calidad

En primero de carrera tuve la suerte de encontrarme con una asignatura llamada Teoría de la Comunicación. Tiene un título nada atractivo pero un contenido muy interesante y junto con una profesora (Maricarmen Montoya) también muy buena, me invitaron a encontrarme con un libro llamado «El malentendido. Cómo nos educan los medios de comunicación» de Margarita Rivière. En este libro se habla de muchas cosas pero especialmente de la labor educativa de los medios (no solo informativa) y la responsabilidad que eso conlleva. A mí me caló especialmente una parte en la que se habla de «el magnífico trabajo del caos y el exceso» donde nos hace reflexionar cómo la desinformación es inversamente proporcional a la cantidad de información que tenemos. Marshall McLuhan dijo «Cuanta más información haya que procesar, menos se sabrá» y la autora de este libro aclara: «la sobredosis agota, incapacita y nos vuelve sordos en buena medida«.

¿Y qué tiene que ver Netflix con todo esto? En realidad no es Netflix, son todos los medios de comunicación, sin embargo, esta plataforma es un ejemplo concreto que nos va a poder ayudar a ver las cosas de forma más clara. Me ha ocurrido varias veces este año que he comenzado una segunda o tercera temperada de alguna serie que me gustó y al comenzar a verla, no recordaba partes importantes y perdía el hilo. Creo que esto se debe a que este año he consumido muchísimas series (lo que me ha llevado a dejar de leer) y este consumo tan excesivo me ha llevado a la incapacidad de retener prácticamente nada. Para poder ver la segunda temperada de «The end of the fucking world» he tenido que volver a verme la primera porque no solo no recuerdo cómo termina, es que no recuerdo prácticamente nada, tan solo la sensación de que me gustó. Hay tres, cuatro, quizá cinco series muy buenas en Netflix pero el resto son normalitas, aceptables e incluso malas. Y lo mismo ocurre con los documentales, las películas y demás contenidos multimedia que ofrece.

Pero al final, los consumimos. Es como una rutina, llegas a casa del trabajo, haces lo que tengas que hacer y finalmente, sofá y Netflix. Y las cosas que consumimos ya no son de valor, no nos aportan nada en su mayoría. Netflix valora más la cantidad que la calidad o la extensión de sus series. Las series son cada vez más cortas, hemos pasado de series de 25-30 capítulos a series de 12-15. De series de 10-12 temporadas a series de 2-3 temporadas. Cuando más dura una serie, más se encarece pues las expectivas del espectador son mayores y los actores se vuelven más cotizados y por tanto, su sueldo es mayor. A Netflix lo que le interesa es hacer series cortas de una temporada y a mansalva. Te la ofrezco, te la comes y si te he visto no me acuerdo, aquí tienes otra para olvidar.

El espectador debería ser más exigente con lo que le ofrecen y el medio de comunicación, más responsable. El sociólogo Castells (esto también lo he sacado del libro) define la sociedad en 3 grupos, los desinformados, los sobre informados y los informados. Voy a darle una vuelta a la definición que hace de ellos porque creo que hoy día puede mejorarse:

Los desinformados para él son los que solo tienen imágenes. Para mí sería los que oyen campanas pero no saben donde, son los que reciben información pero no la consumen. Los sobreinformados son efectivamente, como bien indica, la mayor parte de la sociedad, que vive en el torbellino. Estos son para mí los que vemos las noticias, leemos artículos, redes sociales, etc. Tenemos cientos de fuentes de información de donde recibimos todo tipo de contenidos en masa. Y por último, tenemos los informados, que son los que seleccionan y ordenan la información (y elimino la última parte de su definición porque hoy día creo que no encaja «y pueden pagar la información»). Hay muy pocas personas capaces de identificar las fuentes, seleccionar los mensajes y sacar conclusiones relevantes. Y cuanta más información haya, más complicado será.

Es importante que intentemos ser de los informados, que nos detengamos a analizar si la información que recibimos es de calidad (aunque sea contenido de ocio) y si no lo es, que la desechemos. También es importante que los medios se vuelvan más responsables y dejen de publicar masivamente contenido sin valor.

María Leal

Con más de 8 años de experiencia en SEO, he decidido dar un paso en mi carrera hacia el product management. Esta web es el lugar donde compartiré mis experiencias sobre libros, productos y artículos interesantes.

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